Balones de Oro efímeros (I)

Todos los años, por estas fechas, el debate acerca del posible ganador de este prestigioso trofeo se aviva. Salen a la palestra los nombres de los mejores peloteros de este mundo y de parte del extranjero. Se configura inicialmente una lista de 50 cracks que poco a poco va disminuyendo hasta dejar a los tres finalistas que copen el podio donde sólo uno se cubrirá de gloria. A estas alturas de la película, todos sabemos ya cómo y quién elige al ganador y que el año pasado este premio se fusionó con el FIFA World Player. También sabemos que nunca llueve a gusto de todos, que es injusto que gane éste y no aquél, que a Platini deberían exiliarlo a Santa Elena como a su primo Napoleón, etc.

Bien, pero aquí no hablaremos de eso. Hoy hablaremos de esos galardonados que no trascendieron más allá, de aquellos jugadores que tocaron el cielo en una miserable ocasión, aquellos hombres que escribieron su nombre en la historia y, sin embargo, hoy ya nadie los recuerda.
La década de los 50 supuso un cambio radical en el mundo del fútbol. Para empezar, con el nacimiento de la competición de clubes más prestigiosa del mundo: La Copa de Europa (1955). Al año siguiente, la revista France Football decide crear un premio para designar al mejor jugador europeo del año.
Para todos los que no hemos vivido esa época y nos basamos en los relatos de nuestros mayores, en los nombres que salen a escena siempre que se habla de los “Grandes del Fútbol”, nos quedamos picuetos al ver a un tal Stanley Matthews ganando el primer Ballon D’Or, por delante del gran Alfredo Di Stefano y de uno de los mejores jugadores franceses de la historia: Raymond Kopa.

Stanley Matthews

Este buen hombre del que no tuvimos muchas noticias por aquí, era apodado “El Mago del Regate”. Beckenbauer dijo de él que poseía un regate y una habilidad casi imposibles de parar (sic). Se hinchó a marcar goles y a romper cinturas durante los 34 años -se dice pronto- que jugó a este bendito deporte. Recibió el Balón de Oro a la nada despreciable edad de 41 primaveras, siendo el jugador más viejo en jugar en la primera división inglesa y llegando a disputar un encuentro amistoso a su salud con 70 añazos. No jugó en ningún grande, sólo en el equipo de sus amores, el Stoke City y en el Blackpool, donde ganó la FA Cup y perdió varias finales, pero le valió para ser reconocido y recordado como uno de los más grandes del fútbol británico.

El muchacho siempre había sido mucho de cuidarse, era vegetariano y abstemio, cosa de la que no todos los profesionales de hoy en día pueden presumir. A pesar de todo, era humano y el pobrecillo sucumbió en el año 2000, con 85 años de fútbol a sus espaldas.

Tras Matthews pasaron a recoger el galardón algunos de los mejores futbolistas de la historia: Di Stefano, Kopa, Luis Suárez, Sívori … Hasta el año 1962. Pongámonos en contexto: Mundial de Chile. A los jugadores anteriormente citados, había que añadirles a otros de la talla de Pelé, Garrincha, Yashin, Gento o Puskas. Casi nada lo del ojo y lo tenía en la mano. Cracks por doquier, una selección brasileña de ensueño arrasando con el resto se planta en la final frente a la sorprendente -y extinta- Checoslovaquia. Una final que se llevaría sin mucho trabajo por 3 a 1, pero en la que destaca por encima de los miembros de la canarinha, un nombre: Josef Masopust. Como consuelo, además de marcar el gol del honor de su combinado, vuelve a casa considerado el mejor jugador del año.

Josef Masopust

Nuestro amigo nació en el 1931, jugaba de mediocentro en el Dukla Praga, equipo que marcó época desde finales de los 50 hasta mediados de los 60 ganando siete títulos de liga en diez años. En 1959 disputaron un amistoso contra el Santos FC de Pelé que ganaron por 4-3, donde anotó dos goles, eclipsando al crack brasileño. Mientras en el campeonato doméstico vapuleaba a sus rivales con una facilidad pasmosa, en la Copa de Europa sólo lograron pisar una vez las semifinales, cayendo siempre con estrépito ante los grandes del continente.  El bueno de Josef era un portento físico, dominaba el esférico con calidad, aguantando y repartiendo buenos pases y, además, se permitía el lujo de marcar sus golitos llegando desde el centro de campo (79  en 386 partidos). Llegó a capitanear una selección de grandes estrellas del balompié de la época en el 63.

Hasta aquí la primera parte de Balones de Oro efímeros. Para acompañar, un par de vídeos de nuestros protagonistas:

Highlights de Stanley Matthews:

Final del Mundial de Chile:

Referencias:
http://www.radio.cz/es/rubrica/personalidades/el-centrocampista-josef-masopust-fascinaba-a-los-hinchas-con-su-slalom-entre-los-contrincantes
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