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Chelsea – Benfica NO.

Torres lo ha vuelto a hacer

Torres lo ha vuelto a hacer

Y la vida siguió, como siguen las cosas que… ¡Oh! Estabais ahí. Nada, que vengo de verme la final de la UEFA Europa League Juan Froilán de Todos los Santos y Borbón.

¿Qué es eso? -Os preguntaréis – ¿Se come?

No. La Europa League viene a ser como la amiga de la tía que te vuelve loco. Esa que viene a ser no muy guapa, pero que es muy simpática, con la que te lo pasas muy bien y hasta le gustas. En tu plan vital no está el hacerle un bombo y compartir una hipoteca y el mismo techo con ella, simplemente tenerla ahí por si alguna noche no pillas cacho y tienes ganas de matraca. Una chica como ella:

Con un par de copas de más, yo le daba.

Ola k ase?

¿Queda más o menos claro?

Bueno, pues el Benfica viene a ser como ese chico que cuando era pequeño quería ser torero; era alto, listo, bueno en los deportes y resultaba irresistible para todas las niñas de clase. Con la pubertad, el acné y el crecimiento desmesurado de vello corporal, el Benfica dejó de ser el playboy de párvulos y pasa a ser el muñongo. Un equipo más acostumbrado a la tragedia que Sófocles y Eurípides. Un club, otrora gigantesco, que ahora ve como el Porto le sopla la nuca en Portugal. Un conjunto gafado tiempo ha por un tal Béla Guttman.

En el otro lado vemos al Chelsea, equipo forjado a partir de petrodólares, que anda cobrando los recibos que le dejó a deber el destino hace unos años. “Dinero llama a dinero” y parece ser que ya tiene cobertura. Abramovich por fin recoge unos frutos extraordinarios que plantó en tierra yerma ayudándose del plutonio petróleo. Siguiendo con el homenaje a los Simpsons, recordaré aquella escena donde… No lo digo, lo pongo:

A nadie le gusta el CHELSEA

Y es que es verdad, la gente odia a los adinerados que ponen el fajo de billetes sobre la mesa y se llevan a todos los pibones. En el caso del Chelsea, además de hacer eso, emplea un estilo de juego bastante ramplón y tosco para los jugadores que tienen.

Resumiendo el partido: El Benfica apretó, chupó un gol a la contra tontamente. Logró empatar con penalti absurdo de Azpilicueta, Cardozo probó a Cech, Lampard a Arthur y, cuando ya todos firmaban prórroga y/o tanda de penales, apareció Mata que le puso un caramelito en la frente a Ivanovic en el 93′. Aplicando lo que Raúl Cimas llama:

Ahí la llevas

En tres días, vuela la Liga Sagres (perdieron contra el Porto también en el último minuto) y vuela la Europa League. Les queda la Taça que, de no conseguirla, habrán emulado al mismísimo Bayer Neverkusen.

benfica

Lo que no pué sé, no pué sé. Y ademá é imposible.

Ánimo Benfica:

#Ánims

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Gafes: Michael Ballack

Ballack mandando un saludo
 a “Calentando el Banquillo”

Regresamos, tras mucho tiempo en el dique seco, con un grandísimo pelotero de envidiable palmarés:


A nivel de club:
  •  4 Bundesligas
  • 3 Copas de Alemania.
  • 1 Copa de la Liga de Alemania.
  • 1 Premier League
  • 3 FA Cup.
  • 1 Community Shield.
  • 1 Copa de la Liga Inglesa.

A nivel personal:

  • 3 veces “Futbolista Alemán del Año”
  • 2 veces seleccionado en el “Equipo de Estrellas del Mundial”
  • 2 veces seleccionado en el “Equipo de Estrellas de la Eurocopa”
  • 1 vez “Equipo del Año de la UEFA”
  • 1 vez “Centrocampista del Año de la UEFA”
  • 1 vez “Equipo FIFA 100”
  • 1 vez “Premio Bambi” (El más prestigioso, sin duda… XD)
A nivel selecciones:

  • Internacional en 98 partidos, 42 goles.
  • Eurocopa: 3 participaciones ( un subcampeonato)
  • Copa del Mundo: 2 participaciones ( un subcampeonato y un tercer puesto)

Hasta aquí, salvo con su selección, no se aprecia mucho “gafe”. Lo divertido empieza cuando nos da por escarbar…

DEBUT SOÑADO

Debuta con el Kaiserlautern en la 7ª jornada de la temporada 97/98. Unos meses después, Otto Rehhagel le da la titularidad, que no suelta hasta el final del campeonato que terminará llevándose. Al año siguiente alcanza los cuartos de final de la Champions League con los modestos “roten Teufel” (“diablos rojos”).

COMIENZA LA MALA SUERTE

Con solo 22 añitos, da un salto de calidad y se integra en la plantilla del Bayer Leverkusen en 1998. En el equipo de la “aspirina” logra hacerse un hueco entre los mejores jugadores del campeonato. Bajo su mando en el centro del campo, el Bayer llega a la última jornada con tres puntos de ventaja sobre el Bayern München. Con sacar un punto de su visita al humilde campo del SpVgg Unterhaching, que no se jugaba nada, podría levantar su segunda Bundesliga, pero se produjo la desgracia…



Un gol en propia de nuestro querido Ballack y un segundo tanto avanzada la segunda mitad, unido a la victoria del Bayern frente al Werder Bremen, dejaban a los Leones de Leverkusen con las ganas. En Champions cayeron en primera fase en un duro grupo con la Lazio y el Dinamo de Kiev, quedando terceros y accediendo a la Copa de la UEFA, donde volvieron a caer frente al Udinese en 1/16 de final.

LIGERA RECUPERACIÓN DEL MAZAZO

Cuando un club que no está acostumbrado a ganar, roza con los dedos el hito y se lo arrebatan en el último momento, tiende a hundirse en la miseria. En este caso, el Bayer Leverkusen y nuestro zagal de 189 centímetros se repusieron del duro golpe y emprendieron la aventura de superar el logro del aciago curso anterior. En la Champions volvió a quedar encuadrado con tres huesos duros de roer: Real Madrid (campeón el año anterior), Spartak de Moscú y Sporting de Lisboa. Logró el tercer puesto y nuevamente el acceso a la Copa de la UEFA de donde fue apeado, nuevamente en 1/16 de final, por el AEK de Atenas.

En la Bundesliga no se quedaron a las puertas, pero sí cerca, a cinco puntos del campeón (Bayern, otra vez) lo que les permitió regresar por tercer año consecutivo a la Champions League.

LA DEBACLE

No son pocas las historias que conoce un servidor sobre la mala suerte en este querido y, muchas veces odiado, deporte rey; pero si hay que destacar una sobre todas las demás es la de la temporada 2001/2002 del Bayer Leverkusen. 
Faltaban tres jornadas para finalizar el campeonato. Los de Leverkusen aventajaban a su más inmediato perseguidor, el Borussia Dortmund, en cinco puntos. El Bayer se enfrentaba en casa al Werder Bremen y una victoria dejaba casi sellada la Bundesliga, pues la jornada siguiente se enfrentaban al Nüremberg que peleaba por no descender, sin embargo…


Una liga que se inclinó del lado de los borussers gracias a los lanzamientos desde los once metros. Primero, cuando Butt, el guardameta del Bayer Leverkusen, erró su lanzamiento en el encuentro que los enfrentaba al Werder Bremen. Segundo, cuando Amoroso lograba engañar al meta del Köln (Colonia). Dos puntos separaban entonces a los de Dortmund de los de Leverkusen. Ahora tocaba que los de la “aspirina” visitaran a un Nüremberg que se jugaba la vida, pero no sólo no lograron el punto necesario para llegar en ventaja a la última jornada, sino que perdieron, cediéndole el liderato al Borussia Dortmund, que en un encuentro loco se llevaron el duelo frente al Hamburgo (3-4).

Faltaba una jornada. Ballack y los suyos dependían de que el Borussia no ganara a un Werder Bremen que dos semanas antes le había birlado tres puntos de oro. Y comenzó una de estas tardes de infarto, de transistores, de alternativas, de FÚTBOL con mayúsculas. No lo cuento, lo “youtubeo”



Nuestro protagonista hoy lograba dos goles en la victoria de su equipo sobre el Hertha Berlín, pero de nada servía, pues Koller y Ewerthon le daban la vuelta en su partido contra el Werder Bremen. Dos años más tarde el Bayer Leverkusen volvía a perder una liga en la última jornada, después de haberla tenido casi en la mano. Era el 4 de mayo de 2002.

Por delante tenía dos oportunidades de resarcirse, pues había alcanzado la final de la DFB Pokal (Copa de Alemania) y de la Champions League, por primera vez en su historia.

El 11 de mayo, el Schalke 04 le esperaba en el Olympiastadion de Berlín. Podéis ver aquí los “highlights”:


Dos títulos que volaron en una semana. Para colgarse de un guindo, mínimo. No obstante, faltaba el gran objetivo: la Champions. En Glasgow se vería las caras el día 15 de mayo frente al todopoderoso Real Madrid de los “Galácticos”. Ballack y los suyos llegaban con muchas ganas de dar un golpe en la mesa y demostrar que eran capaces de levantar un trofeo, pero apareció Zizou y… (RESUMEN)

En 11 días Michael Ballack, el Bayer Leverkusen y sus aficionados habían pasado de poder lograr un triplete histórico a quedarse con cara de tontos. 

No quedó ahí la desgracia ese año, pues nuestro querido “Balla” alcanzó con la “Mannschaft” la final de toda una Copa del Mundo. Cuál sería su desgracia que en el minuto 70 de la semifinal que enfrentaba a los alemanes contra los anfitriones, Corea del Sur, nuestro buen amigo Ballack recibía la tarjeta amarilla que le impediría disputar la ansiada final. Cinco minutos después se hizo un flaco favor, pues marcó el gol que clasificaba a su país. Una vez allí, vio desde la grada como Ronaldo en dos ocasiones perforaba la meta de su compatriota Kahn, dejándole, por cuarta vez en un año, a la puertas de un título. 

Decía Lineker que “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once detrás de un balón, y al final siempre ganan los alemanes”. Una frase que aquel año sirvió para hacer muchas bromas.

RESURRECCIÓN

Michael Ballack decidió, finalizado el Mundial, “pasar de las aspirinas” y optar a jugar en un grande. Su destino el Bayern München. No tardó en levantar los ansiados títulos que la temporada anterior se le habían escapado. Con el club de Baviera engordó su palmarés a nivel nacional, pero la espina de la final de Glasgow aún la tenía clavada y veía que con el gigante de Munich no la lograría arrancar. Entonces decidió subir el último escalón que le quedaba y fichar por el Chelsea. Su objetivo: la Champions. 

El primer año se quedó en semifinales en la tanda de penaltis contra el Liverpool, pero al año siguiente accedió, por fin, a la ansiada final. En Moscú debía enfrentarse al Manchester United de Cristiano Ronaldo y Rooney. 120 minutos de tensión que finalizaban en una fatídica tanda de penaltis…


¿No querías caldo, Michael? Pues dos tazas.

Con la misma se plantó con su selección en la final de la Eurocopa ese mismo verano. Había ido pasando rondas no sin dificultades y en el Estadio Ernst Happel de Viena tendría que vérselas con la selección española, que venía haciendo un fútbol maravilloso y que había dado buena cuenta de Rusia en semifinales e Italia en cuartos.

“Wallace”, como le apodó el Sabio de Hortaleza, no se comió un colín aquella noche y tuvo que ver como, por enésima vez, se le escapaba otro gran título. 

El destino, muy juguetón con el pobre Kaiser de Görtlizt, le tenía preparados dos detalles: uno bueno y otro malo. Ya en el ocaso de su carrera logró alzar la Premier League, en la temporada 2009/10 y pudo recuperarse de unas lesiones que le habían tenido apartado de los terrenos de juego los años anteriores. Tenía el Mundial de Sudáfrica tatuado, entre ceja y ceja, como objetivo prioritario para ponerle el broche final a su carrera y todo marchaba a pedir de boca. Estaba disputando la final de la FA Cup (que acabarían ganando los “blues”) cuando se cruzó en su camino el bueno de Kevin-Prince Boateng. Un pisotón que apartaba a Ballack durante varios meses, desapareciendo la posibilidad de disputar el más prestigioso de los torneos de este bendito deporte.

¿FIN DEL GAFE?

Este verano finiquitaba su etapa en el Chelsea y hacía las maletas hacia Leverkusen, de nuevo, cerrando un círculo un tanto desgraciado. No sabemos cuán interesado está el destino en seguir machacando al pobre Michael, pero desde aquí le deseamos la mejor de las suertes en su segunda etapa con el Bayer.
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Gafes históricos: Celta de Vigo en la Copa del Rey

Con esta entrada no busco crear polémicas ni mofarme de la mala suerte sufrida en las carnes del aficionado. Es un simple repaso por la historia donde recojo situaciones en las que el destino ha sido cruel en más de una ocasión con un equipo, momentos en los que se pasa de la gloria a la mayor de las decepciones en 90 minutos.

CELTA DE VIGO

 
El caso del Celta es uno de los más conocidos y desafortunados en este país. Si bien en Liga jamás acabó entre los tres primeros, en la Copa del Rey sí que llegó a plantarse en la final. En tres ocasiones la tuvo a su alcance y en las tres ocasiones se quedó con las ganas. 
 

Temporada 47/48: 

 
Tras eliminar al Ferrol se clasificó para las semifinales. Enfrente tenía a un potente Atlético de Madrid al que tuvo que superar en el terreno deportivo tras tres duros encuentros (uno de ellos de desempate) y en lo extradeportivo (los jugadores del Atlético se encararon con los del Celta y con el árbitro, siendo sancionados finalmente). Ya en la final de la Copa del Generalísimo (antigua y desafortunada denominación de la Copa del Rey por aquel entonces) y con Franco en el palco se enfrentaba en Chamartín a un temible Sevilla C.F. que dos años antes había conquistado su único título de Liga. Los vigueses venían de acabar cuartos esa temporada firmando victorias históricas (goleadas a Real Madrid y Athletic de Bilbao) y llegaban con esperanzas de levantar su primer título nacional. La primera parte del encuentro finalizó en tablas (1-1), pero en la segunda parte los gallegos perdieron a tres jugadores por lesión y a Pahíño, su gran estrella, expulsado. Ante esa situación poco pudo hacer y acabó cayendo por un contundente 4-1. 
 

Temporada 93/94:

 
El Celta repite la gesta de colarse en la final de Copa casi medio siglo después. Tras dejar atrás a muchos equipos: Gramanet (1-0 ; 2-0), al Albacete (4-0 ; 4-1), al Talavera (1-2 ; 0-0), al Logroñés (1-0 ; 1-0), al Oviedo (1-0 ; 5-0) y en las semifinales al Tenerife (3-0 ; 2-2) volvía a Madrid para la disputa del título, aunque esta vez al estadio Vicente Calderón. Enfrente un joven Real Zaragoza que venía de quedar tercero esa campaña y de perder la anterior final de Copa, es decir, uno de los equipos más fuertes de España durante esos años. Tras un primer tiempo igualado y una segunda parte en la que el Celta achuchó a su rival, merced a la expulsión de Santi Aragón, el choque acabó empate a cero. Se pasó a la prórroga donde el Real Zaragoza se dedicó a defenderse de los ataques como gato panza arriba y buscando llegar a los penaltis, objetivo que logró. El Celta se encontraba ante una de las mejores oportunidades de lograr el ansiado título 46 años después, pero la esperanza voló cuando Alejo lanzó sin apenas fuerza el quinto y último lanzamiento a las manos de Cedrún. “Paquete” Higuera se encargó de aguar la fiesta a los celtiñas y de llevar la Copa del Rey a la capital del Ebro. Los vigueses volvían, como 46 años atrás, desde Madrid nuevamente con las manos vacías, pero con la cabeza bien alta, pues habían firmado una de sus mejores campañas a pesar del subcampeonato. La amargura de la derrota se hizo mayor cuando, al año siguiente, su eterno rival conseguía llevarse a la primera el trofeo que a ellos se les había escapado dos veces. 
 
 

Temporada 2000/2001: 

 
No tuvieron que esperar tantos años para volver a plantarse en la tercera final. Esta vez era en Sevilla. Enfrente, de nuevo, el Real Zaragoza. El destino es caprichoso y quiso que se volvieran a enfrentar siete años después en la final. La única salvedad es que esta vez partían con la vitola de favoritos tras firmar una de las mejores temporadas de su historia quedando sextos en Liga y cayendo en cuartos de final de la Copa de la Uefa desplegando un fútbol espectacular, mientras que los maños se habían librado del descenso en la última jornada gracias a un empate, curiosamente, frente al propio Celta. Todas las quinielas daban al los vigueses como campeones tras eliminar en semifinales al Barça, y más cuando en el minuto cinco, Mostovoi, la estrella de aquel equipo, realizó una jugada magistral en el borde del área, dejando atrás a varios rivales y batiendo con la zurda por bajo a Láinez. Parecía que el destino quería darle lo que merecía y se había ido ganando toda la temporada, pero a los veinte minutos Aguado, con un gran cabezazo, traía los viejos fantasmas. El Celta había cometido el error de regalarle el balón al conjunto aragonés, esperando rematarlo con alguna contra. Tras el empate, los maños se hicieron con el control del partido, tapando bien a los jugadores clave celtiñas y acosando por alto. José Ignacio de cabeza a punto estuvo de consumar la remontada, pero Cavallero estuvo ágil y desvió a córner lo que era un gol seguro. En el minuto 37, el propio José Ignacio, tras un magnífico pase de Jamelli de cabeza, se quedaba solo frente al guardameta argentino y fue derribado por Berizzo de manera clamorosa. Penalti que se encargó el brasileño Jamelli de transformar. El Celta había sido borrado de un plumazo del partido, pagando cara la traición a su fantástico estilo de juego. En la reanudación las cosas cambiaron y se vio al equipo que había enamorado a Europa esa temporada. Juanfran sufrió un penalti que el árbitro no vio (o no quiso ver) y que, evidentemente, no fue pitado. Durante muchos minutos siguió acosando el marco zaragocista con varias ocasiones para Catanha y, sin duda, una que tuvo Mostovoi que tras un caño de tacón se libró de dos contrarios dentro del área y, cuando lo más fácil hubiese sido marcar, la envió por encima del larguero. Fue la última bala que desperdició el conjunto vigués, que con todos sus efectivos en ataque vio como en hasta en tres ocasiones los jugadores del Zaragoza se plantaban solos frente a Cavallero para sentenciar un partido que, finalmente, en el minuto 94 Yordi remató, acabando así con todas las esperanzas gallegas.  
 
 
Llamémosle mala suerte y no broma del destino al hecho de que, como siete años antes tras perder la final, en la temporada siguiente, otra vez, el Deportivo de La Coruña se alzaba con su segunda Copa del Rey. 

 

FINAL DEL 94

 

FINAL DEL 2001

 

BONUS TRACK:  FINAL DEL 48

 

Reflexión final: Salvo contadas excepciones, el fútbol siempre te devuelve lo que le das. Puede que sea este año, el que viene o puede que no lo vean los ojos de los actuales aficionados celtiñas, pero estoy seguro de que algún día levantarán un título.

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